Palermo se pudre

Apuntes sobre el budinismo

Por Tomás Abraham

He hablado en notas anteriores de las películas de Herzog, entre ellas la que le dedica al Dalai Lama. Richard Gere dona… así se dice, a la manera yanqui, “douna”, como las insoportables rosquillas, un millón de dólares a los tibetanos a la vez que compra estancias en el norte de Argentina. Se ha informado que el 10 % del territorio nacional es propiedad de multimillonarios corporativos que no sólo se quedan con las mayores reservas de agua dulce del mundo, las de la Patagonia, sino que apuntan ahora al Altiplano. Gere es acompañado por Matt Damon y Robert Duvall —según informaciones que gracias a los hermanos Google se publican en Internet— en las compras de hermosas tierras argentinas.

Duvall está enamorado del tango así como Coppola de nuestra ciudad, pero detrás hay tierra, viñedos, inversiones en aire puro, e intereses corporativos que se aprovechan de la corrupción del poder nacional para hacerse dueños a precio vil de lo que jamás en países propios podrían hacerlo extranjeros.

Admiro a Coppola, de quien busco afanosamente un autógrafo, me cae maravillosamente el Duvall del Padrino, Gere me parece buen tipo, pero no olvido que derivan su amor por el tango, el vino, la pasta, los kollas y los ecosistemas, de la multiplicación del dinero bien verde.

Palermo es mi barrio, el de hoy, lo es desde hace quince años, como lo fue Barrio Norte, el Centro, Flores, Ciudadela, Colegiales, Barbés Rochechouart, pero hoy es Palermo Soho, el que odia el amigo de San Telmo Pablo Chacón, que detesta la zona rúcula como la llama, y que en este momento ve multiplicar sus locales gracias a famosos del mundo del espectáculo.

Que Natalia Oreiro inaugure su local en Armenia y Honduras con la hermana, es una buena noticia porque es divina, alegre, linda mina y encanta tanto a rumanos como argentinos, con lo que me gana por los dos costados. Que Mariano Martínez abra su zapatería Satori, ya supera la tolerancia publicitaria. Satori, palabra zen para Iluminación que esta vez está garantizada —evoco la maravillosa película de Doris Dörrie— por el extremo budinismo de la zona. Al lado de mi casa en el viejo taller mecánico de la familia Mosquera, se puso una casa que se llama algo así como Terra, en la que instalaron un negocio raro, no sé qué venden, veo ponchitos del norte, flautitas y CDs, cositas orientales, libros de sabiduría maya, nunca entré porque tengo miedo de morir por intoxicación de veneno de sándalo, se dan cursos de astrología, de Yoga Ashtanga, Ayengar, Hatha, me puedo llegar a encontrar con gurúes como Percivalenga, Barreiromurti, o de un violador devoto de Osho, sigo de largo. Para qué, a metros de este Machupichu del asfalto, mis amigos, los muchachos de Vélez, Christian Bassedas, el Rifle Pandolfi, Manussovich y Perfumo Jr., pusieron el Club Limbo, nueva sucursal, lindo local a la calle en donde ofrecen tapitas vegetarianas entre las que se destaca la ensalada de trigo burgol con bastoncitos de mandioca. Atienden chicas mulatas caribeñas que te dicen “¿ya pensaron en algo chicos?”, a mí, que les doy de comer a las palomas.

Voy a ser claro, este barrio se pudre. En la plaza frente a mi casa, mi ex amigo Telerman, por quien hice campaña en el desierto, ha hecho del lindo predio que nos legó Cacciatore, un lodazal en el que las trincheras con caños a la vista han hecho del solaz para niños un surco en el que los perros depositan sus restos.

En Borges y Guatemala, esquina mítica de Buenos Aires, lugar adecuado para un tangazo con letra de Eladia Blázquez y Horacio Ferrer, el antiguo bodegón El Preferido, frente a la casa en la que vivía el Poeta, ofrecen una “carta” con el lenguado con puré a sesenta pesos y rabas con fritas a treinta.

Esto no para, hasta que no pongan una lechería fina, un revival de las que tenían mesas de mármol blanco con frascos de vidrio, y le suban el cartel con su sacro nombre de La Guasca, reducto que venderá el yogur de frutos artesanales del bosque a veinte pesos y vainillitas azucaradas con miel de abejorro bengalí para mojarlas en leche de cabra para chupar con ojos cerrados, hasta que no tengamos un bolichito así ahíto de prana, la metamorfosis del viejo nombre de la capital de Sicilia, la de la mafia macha de los Corleone, no estará completada, pero falta poco, al menos el genio de la Cosa Nostra se lamenta en la zona porque se olvidó de hacer back up.


Texto extraído del sitio La Lectora Provisoria con autorización del autor.

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4 respuestas a Palermo se pudre

  1. elbenafleckargento dice:

    Pobre Francis Ford que se olvido de hacer el back up. Ni si quiera se mando el mail a gmail por si se le quemaba la compu. Qué garrón!

  2. Bueno, ya sabés mandate todos los mails por si te entran en tu casa.

  3. yo dice:

    que ensalada que escribiste deforme… que triste tipo…

  4. Palermogolico dice:

    Totalmente de acuerdo… esa onda neoyorquina impostada que le quieren imprimir al barrio… ya pudre un poco muchachos…

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