La cruzada evangélica del pastor electrónico Luis Palau nos pasó por encima. No perdonó a los porteños pecadores condenándonos a horas de demoras por los cortes de calles para colocar
ese gigantesco escenario. Ojo, también nos torturó con esos conjuntos de reggeaton o algo parecido, de dudoso gusto celestial. A los besos y abrazos con lo más granado de la dirigencia política especialmente de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Les habrá prometido un lugar especial en el paraíso?
http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/cultura/nota.asp?nota_id=995871
http://www.clarin.com/diario/2008/03/15/sociedad/s-05001.htm